LA CAPA DE PRINCESA
I. UNA VISITA INESPERADA, EL CASTILLO, UNA PRINCESA
A través de las cortinas Linda vio –no sin cierta inquietud –Como mamá y papá se marchaban en coche llevándose a su hermanito lejos de casa, “a un hospital” le dijeron con sonrisas muy tristes “pronto volverá a casa” mintieron mirando al suelo, “no pasa nada” aseveraron sin esperanza y cuando las falsas palabras se acabaron mamá cogió al bebé con papá siguiéndola de cerca mientras cerraba la puerta sin mirar atrás. Ahora Linda espiaba por la ventana intentando seguir con la mirada los faros del coche hasta que desaparecieron en la noche iluminada por muchas personas yendo y viniendo.
Oscuridad.
El salón era la boca del lobo feroz a punto de comérsela. Linda sentía el miedo corretear por su cuerpecito obligándole a pensar en cosas malas y terribles, su hermanito no volvería, su vecina se cansaría de vigilarla apagaría la televisión y se marcharía a casa, mamá y papá se escaparían para no volver jamás olvidándose de ella, un señor negro entraría en casa secuestrándola de por vida, la pecera se caería matando a Pez Gris, un monstruo saldría de debajo de la cama para hacerle daño, sus amigos se olvidarían de ella ¿Qué era peor? Sintiendo la boca seca Linda corrió a su habitación cerrando los ojos por si acaso, abrió la puerta y encendió todas las luces: su lámpara preferida azul con flores rojas, la ristra de campanillas todas blancas, una bola de cristal colgada al techo y por último los farolillos verdes uno a cada lado de la cama. El terror se fue poquito a poquito asustada por la luz, Linda asomó la cabeza por la ventanita del castillo de plástico buscando cualquier indicio de monstruos u hombres vestidos de negro, una vez asegurada la habitación salió del rincón agarrando su espada y la capa mágica dispuesta a hacer frente a cualquier truco invisible. Una vez acabada la revisión de los armarios, la cama y todos los escondrijos para monstruos consiguió sentirse lo suficientemente a salvo para tumbarse en la cama y esperar a que sus papás volvieran con su hermanito riéndose por la falsa alarma, seguro que habría pastel y una gran fiesta con regalos para olvidarse del susto, seguro.
Pasaron los segundos y los minutos, Linda contuvo un bostezo preguntándose porque sus papás tardaban tanto. Más minutos se deslizaron imperceptiblemente disfrutados por unos pocos, sufridos por otros, convertidos en una eternidad para ella.
Al final sin poderse resistir más cogió su capa mágica, se arrebujó con ella y cerró los ojos.
Desde el punto de vista de los aldeanos el castillo era una fortaleza inexpugnable que se alzaba orgullosa en la colina prometiendo paz y seguridad. Sólo unos pocos extraños recibían el honor suficiente para pasearse por los pequeños jardines o perderse entre sus innumerables pasillos y rincones llenos de maravillas. Según algunos ni los propios miembros de la familia real conocían todos los secretos de tan magnífico edificio y según algunos más sólo los verdaderos señores de esas tierras eran dignos de descubrir un tesoro oculto que les ayudaría en la pesada carga del mando hasta su muerte.
Tanto por dentro como por fuera el edificio era oscuro, las mismas piedras habían sido talladas en las minas negras por los mineros ciegos, los únicos capaces de trabajar tal material sin que su alma se viera absorbida irremediablemente –De allí proviene su color y si en una noche fría de invierno con la luna nueva pones la oreja en ella oirás los lamentos de centenares de personas, victimas de su imprudencia –Las pequeñas ventanas apenas iluminaban, sólo los fuegos fatuos eran capaces de alejar la oscuridad dentro del edificio, y en casi todas partes se podían admirar magníficos tapices tejidos con cabellos de hada, obras de arte de mil razas distintas, joyas inexistentes, pájaros multicolores, comidas exóticas de todo tipo, árboles gigantescos, y muchas otras cosas cuyo nombre ya no existía, todas ellas repartidas cuidadosamente por miles de sirvientes a lo largo del tiempo –Dice la leyenda que durante el reinado de Goffer I se inventariaron todas las maravillas del castillo incluidos los secretos más ocultos, pero si existió tal libro se perdió hace mucho tiempo –.
Uno de los pasatiempos preferidos de la princesa era pasearse por los pasillos descubriendo a cada paso algo nuevo y fascinante pero ese día no había alegría en sus ojos, sólo tristeza. Su sirvienta preferida —sí, esa señora redonda con la cara roja, una sonrisa para todo y con olor a flores —. La había vestido con un traje negro muy feo e incómodo mientras intentaba no llorar en su presencia ni decir nada sobre la fallecida familia real, para la princesa Linda nada de eso era importante sólo deseaba abrazar a papá y mamá sentir su cálida presencia y hacer reír a su hermanito ¿Por qué todos le decían que eso era imposible? Una pequeña parte de ella sabía la respuesta aunque la otra se rebelaba ante tal desgracia porque en el fondo intuía la soledad que se avecinaba. Al contrario de otros niños de su edad ella no conocía el significado de las palabras “abuelos”, “tía”, “primos” y similares, en sus cortos años de vida sólo había conocido a cuatro personas que la quisieran de verdad y entre ellas estaba la criada que ahora la acompañaba hacia el jardín del Descanso y el Despido mientras las campanas del castillo anunciaban con voces lúgubres el inicio de las ceremonias.
A las puertas del jardín se congregaban miles de personas y seres vestidos de la forma más variopinta salvo los miembros del castillo que vestían sus mejores galas negras en honor a sus reyes, eso a Linda no le gustó ¿Por qué los demás vestían de colores y ella no? —En verdad todos vestían de luto, los centauros por ejemplo llevaban el lomo pintado con los antiguos símbolos de la vida y la muerte —.Su mejor amiga le había contado que ella también vistió el negro en el funeral de su padre y le recomendó no estar mucho tiempo triste porque sino los recuerdos y la alegría se perdían para no volver jamás —por supuesto los mayores no entienden esto, muchos creen en la tristeza y el olvido como una cura cuando es todo lo contrario —.Por eso Linda intentó ser fuerte pese al dolor que atormentaba su pecho. Sin derramar una solo lágrima la princesa vio a Maese Farwell mientras situaba las tres mortajas en el hoyo con olor a tierra húmeda, oyó en silencio las palabras de todos aquellos que habían venido a presentar sus respetos, cogió con mano firme los dos tesoros regalados por el castillo y los dio a un sirviente sin rostro para que los guardara en un lugar perdido, sólo cuando empezó la fiesta del Feliz Viaje a la Ultima Tierra Linda se desmoronó y salió corriendo perseguida por múltiples miradas de tristeza y compasión.
—Pareces muy triste ¿Qué te pasa niña? ¿Por qué estás aquí cuando fuera hay un mundo lleno de diversión?
La princesa se secó las lágrimas de la cara pero no se movió del trono de papá que aún olía como él y atraía los buenos recuerdos a quien se sentara. A su lado había un hombre vestido de todos los colores del mundo, con la cara muy pálida y una sonrisa misteriosa —no preguntes por qué estaba allí, hay cosas en el mundo que no se pueden explicar, esta es una de ellas —. En una mano llevaba un pequeño reloj de arena hecho con madera gris y en la otra uno de los pastelillos de la fiesta.
—Me encantan estas pequeñas cosas ¿Sabes?—Dijo el desconocido con la boca llena—.Me recuerda a la vida toda dulce, con muchas capas y sabores aunque si te equivocas con la masa o el azar te da un ingrediente malo te saldrá feo y amargo. Pero tú eres muy pequeña para saberlo, aún te queda mucho tiempo en este lado, prometido.
—Papá, mamá y mi hermanito están muertos —Un escalofrío le invadió, nunca antes la palabra “muerte” había tenido tanto significado ni unas consecuencias tan grandes—.Por eso estoy muy triste, quiero verlos otra vez ¡quiero verlos!
Suspirando el hombre (¿Podemos llamarlo así?) negó con la cabeza y besó a la princesa en la mejilla.
—Yo no puedo hacer que vuelvan el fin es el fin y su destino un inicio. Sólo te puedo dar un consejo recuerda, recuerda sus abrazos, sus sonrisas, su cariño. Aprovéchalos y siempre estarás con ellos pero no abuses porque te quedarás atrapada en un mundo de mentiras para siempre, te harás mayor antes de darte cuenta y cuando venga a buscarte te darás cuenta de cómo has desperdiciado tu vida.
¡Mírame! Aquí hablando de cosas que no entiendes ¡Venga salgamos a respirar aire fresco! ¡Olvida durante unos segundos las penas! Ahora eres la única de tu linaje princesa Linda ¡Pero no estás sola!
Bailando por el salón el hombre cogió a la niña en brazos y juntos subieron a la torre más alta del castillo desde donde se podía ver todo el Reino. Al cabo de un rato la princesa Linda volvió a estar sola admirando la belleza de un lugar que jamás había apreciado hasta ahora.
Linda apartó un trozo de la capa mágica mirando a su alrededor. Su corazón le dolía mucho, fuera hacía frío: se avecinaba una tormenta; El aire era pura electricidad, a lo lejos se oía el rugir de los truenos, todo era gris vacío y sin forma, las luces que tanto le alegraban estaban apagadas guardando luto. Las advertencias del desconocido aún resonaban en su cabeza escondiéndose en todos los rincones para no olvidarlas jamás, hay legados dignos de ser guardados y ese era uno de ellos. Linda no entendía porqué pero en el fondo sabía que todas ellas adquirirían sentido cuando fuese mayor. Arrebujándose en su capa Linda volvió a cerrar los ojos.
Próximamente: "El nuevo señor de las tierras mágicas o el laberinto de la inocencia"